Enemigos de lo ajeno, noches nuevas

De Héroes o del Último. Debate absurdo y periférico, pero al que todos nos prestábamos aun cuando ninguno de los dos grupos seguía ya en activo. Yo me declaraba del Último, no sabría decir muy bien por qué. Los había escuchado más, sencillamente. Había otros que se desmarcaban del debate y preferían a Extremoduro. Gente para todo. Sea como fuere, «Astronomía Razonable» me había abierto las puertas: una cinta de casete que me grabó Pinteño allá por tercero de BUP. Luego vino «Enemigos de lo ajeno», el primer CD que mi hermana compró cuando completamos el equipo de música al que mi padre no había consentido en añadir el pertinente reproductor (vinilo y casete, para qué más, pensaría). El CD se tiró muchos años en el expositor sin que yo le prestara la más mínima atención, hasta que se hizo inevitable dar el siguiente paso: poner imprevista banda sonora a mis noches nuevas de fiesta, de vasos vacíos por las calles del centro.

Cada viernes, cada sábado, mientras el cielo amenazaba lluvia y yo me afeitaba en el baño. Las luces de los bares se reflejaban en las aceras mojadas y la música y el tiempo me conectaban directamente al pasado, a esas mismas calles transitadas de madrugada por otros adolescentes tardíos, estirándose y contrayéndose al son de las mismas canciones que yo escuchaba, que me evocaban el sabor nuevo de la cerveza y del tabaco, años ochenta, años noventa, la misma historia repetida, almas del averno, ángeles sin hélices, sin pretensiones de perdurar, quemando etapas de una vida prestablecida que en ese instante invitaba a disfrutar sin más, a ser descubierta sin reservas, volver despeinados de los bares cerrados, voz en grito, carraspera, desafinados, exhaustos, palabras que son cansancio, hasta la próxima noche… Y responder, siempre el mismo debate. De Héroes o del Último. Yo era del Último, sí. Noches densas hechas de pedazos de canciones, corriendo, siempre corriendo detrás de una vida que apenas si se empezaba a revelar.

Flores raras, creciendo en las aceras.

Recuerdo a Recio comprando un libro sobre el Ché Guevara en el Corte Inglés. Viernes tarde. Lluvia, planes a pique de frustrarse. Yo compré el primero de Alatriste. ¿Saldremos hoy? Por supuesto que sí, a la lluvia que le den. Vuelta a casa, Armengual de la Mota, Mármoles, Eugenio Gross. Flores raras creciendo en las aceras, calles mojadas de viernes. El ciclo que volvía a comenzar. La vida en un trago, la vida subiendo en volutas de humo al calor de un portal. Era el núcleo más puro de nuestras existencias, y no dejábamos de cantar. Héroes, el Último. Lo que fuera.

Luego todo se perdería. Algunas cosas de repente, sin esperarlo, ojos azules abiertos al infinito en un cuarto de hotel. Otras poco a poco, sin darnos cuenta. Tan lejos los recuerdos, días más extraños que felices.

Hoy soy más de Héroes, sin duda.

Cosas de la edad, supongo.

3 comentarios en “Enemigos de lo ajeno, noches nuevas

    • Gracias por tu comentario, Mayte. En mi caso la afición por Héroes me vino más de mayor, aunque, cada cual a su manera, ocupan un lugar privilegiado en el plano sentimental. ¡Pero claro, es que a Héroes es complicado encontrarles una canción mala!

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