Ciclo (letanía del encierro)

Marcas las rayitas, una, dos, tres, cuatro, las tachas luego, empiezas otra vez, una, dos, tres, cuatro, tachas, marcas, tachas, marcas, respiras, la luz vuelve a entrar por la ventana, allá arriba, hacia donde convergen las paredes de piedra surcadas de rayitas, respiras, empieza otro día, otra rayita que marcar, sigues vivo, sonríes, te palpas las extremidades, los huesos, la piel hundida, sigues vivo a pesar de todo, y la comida ya te espera junto a la portezuela, cuscurro de pan, cubo de agua, bébetela toda y luego ya sabes, caga, mea, devuelve el cubo repleto de mierda a través de la portezuela, y así hasta mañana, mañana si sigues vivo, si el sol se cuela por la ventana de allá arriba, otra rayita, otro triunfo, acaso una nueva constatación de tu derrota, día en blanco soñando con paraísos perdidos, con la vida de verdad que seguirá discurriendo más allá de estas cuatro paredes de piedra, familia, amigos, enemigos, captores, quienes quiera que sean, también ellos tendrán vida propia, también ellos, sí, tendrán una casa a la que llegar, una mujer a la que follarse, un refugio en el que no recordarán las horas muertas de tu existencia, solo mañana, rutina, mañana cuando vengan de nuevo a recoger el cubo con tu puta mierda solidificada, lo vacíen, echen agua limpia que enseguida se enturbiará y lo cuelen a través de la portezuela junto al cuscurro de pan, medio sorprendidos al comprobar que sigues vivo, medio fastidiados por tener que volver al día siguiente a repetir la misma rutina, quién sabe por cuánto tiempo, hasta que mueras o te maten, hasta que alguien venga a liberarte o todos te olviden definitivamente, si es que no lo han hecho ya, espectro incómodo que ya hace demasiadas rayitas que falta de sus obligaciones, de sus afectos, de su espacio, espectro condenado a ver pasar las horas en un cuadrado de luz que va descendiendo por una de las paredes, cada vez más amarillo, más naranja, más abajo, así hasta desaparecer, abajo, el curso de la vida reducido al absurdo de una porción de luz menguante, abajo, donde tu rostro adormecido recibe el último calor del día, extraviado en la nada estática, tus labios preguntando por qué, por qué no te mueres, por qué no te olvidan, pensando, que si no te matan es porque aún te recuerdan, te siguen buscando allá afuera, esperanza, que todavía eres valioso, incluso podrías salir de este agujero, por eso sigues vivo, esperanza, por eso mañana volverás a ver la luz del sol colándose por la ventana, allá arriba, una nueva rayita en la pared, pan y agua, inmundicia, así hasta que pasen cuatro o cinco, un tachón más, y compruebes que nadie viene a por ti, que nada cambia, entonces adiós esperanza, hasta pronto, ya volverás, por ahora desesperación, por ahora, por entonces, cuando vuelva a suceder, ya sabes, volverás a las horas grises, a la tentación de reventarte la puta cabeza contra estos muros de piedra, o destrozarte las venas restregándolas contra las aristas más afiladas, qué fácil sería, qué fácil acabar con todo esto, si no fuera porque te fallan las fuerzas, porque hay días que apenas si puedes arrastrarte hasta la portezuela a por tu ración de comida, quizás eso sería lo más fácil, sucumbir a la debilidad, no moverte más, ni siquiera para alimentarte, dejarte morir, morir, sí, abandonar, abandonarte, parado frente a la ventana, buscando en el pedazo de cielo alguna estrella benévola al caer la noche, dormir y no despertar, eso sería lo mejor, si no fuera por esta puta sensación, esta luz minúscula que se revuelve dentro de ti, que no se apaga nunca del todo, rabia empecinada, impulso de mierda, de querer seguir, vivir, vivir pese a todo, orgullo, orgullo inútil de ser humano, dignidad, esperanza estúpida, juegan con eso, con tu resistencia, se aprovechan, saben que no te rendirás nunca del todo, que no puedes, aunque solo sea por curiosidad, por ver cómo acaba todo esto, desfallecido, entregado, renacido a ratos, hoy mueres y mañana vuelves a resucitar, a la luz mortecina de otro amanecer, así por los siglos de los siglos, poniendo a prueba tu capacidad, no podrán, fue solo un mal momento, una mala noche, ahora toca, ya sabes, toca reponerte, inasequible al desaliento, un nuevo día, un nuevo ciclo, la rutina de costumbre, marcas las rayitas, una, dos, tres, cuatro, las tachas luego, empiezas otra vez, una, dos, tres, cuatro, tachas, marcas, tachas, marcas, respiras, la luz vuelve a entrar por la ventana, allá arriba, hacia donde convergen las paredes de piedra surcadas de rayitas, respiras, empieza otro día, otra rayita que marcar, sigues vivo, sonríes, te palpas las extremidades, los huesos, la piel hundida, sigues vivo a pesar de todo, y la comida ya te espera junto a la portezuela…

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