Asteroides

Llegará un punto en que no nos asusten el ruido de las explosiones. El agua nos llegará al cuello, las pandemias nos devorarán, y se apagarán las luces de neón de las ciudades. La gente se ocultará en largos túneles bajo tierra huyendo de su propia especie, olerán a heces, y a orina, y a sudor, hacinados, pero al menos estarán a salvo del daño que ellos mismos provocaron allá fuera, en el mundo que fue. Y no sentiremos miedo. Acaso rabia, impotencia. Un dedo trémulo que se alzará buscando culpables a los que señalar. El odio fue siempre más poderoso que el miedo. Nos aniquilaremos a nosotros mismos y todavía seguiremos buscando, en el último de los instantes, alguien a quien culpar de nuestra desgracia. Siempre fue así. La voluntad de Dios hace tiempo que dejó de ser la excusa: le dimos de lado, reemplazada por la culpa de los hombres. La culpa de los otros. En muchos casos, la culpa de aquellos que nos representan, aquellos que ocultan nuestras miserias y nuestra inoperancia bajo la alfombra de las responsabilidades ajenas, que nos chupan la sangre y la vida y a los que, aun así, seguimos encomendándonos. Lo hacemos porque nos resulta más cómodo a la hora de buscar culpables; lo hacemos porque nos ahorran la engorrosa tarea de pensar y de mirar hacia nosotros mismos. Pero no hay cuidado: si no podemos señalarlos a ellos, siempre habrá algún otro chivo expiatorio que pague los platos rotos. Es algo que ya sucede. Miro a mi alrededor, sentado a la mesa, y la culpa es siempre de los demás: de quienes no llevan mascarilla, de quienes no aceptan las normas, o se burlan de ellas y de los imbéciles que, como yo, perdemos el tiempo intentando cumplirlas, la culpa es de quienes me censuran y me analizan como posible receptor de otras culpas tanto o más graves que las que yo les intento atribuir a ellos. Nos perdemos en culpas como palos en la rueda. Así es la vida. Hace tiempo que perdimos la autocrítica. Perdimos el deseo de superarnos como especie.

Hay días, sí. Días en que pienso que un asteroide cayéndonos encima sería el menos malo de los finales.

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