Fábula (exterminio)

¿Cuál es? Dime, ¿Cuál es la más hermosa de tus criaturas? ¿Por quién es que nos abandonas? Esa persona luminosa que espanta las sombras en las que el resto nos recluimos, la que desgarra el entramado de la pesadilla y te hace despertar con una sonrisa en los labios. Dime, ¿cuál es? He recorrido los túneles de esta ciudad de altas torres, buscando en vano; he matado en balde a miles de seres desvalidos, creyendo que te importaban, y me he convertido en el peor, el peor de todos tus personajes. Pero nada de eso vale ya. Es por eso que ahora persigo al fruto perfecto de tu sueño: sé que solo así podré acabar contigo. Persigo tu felicidad de este lado del mundo, el lado imposible, el de la existencia cuestionable, así acecho, incansable, la rabia en mi puño izquierdo, la soledad carcomiendo mi puño derecho, ¿recuerdas? Me empuja el odio, me empuja el rencor, cualquier sentimiento reprobable, la ira, la envidia, una sed insaciable de mal. Me empuja hacer de tus sueños un lugar más inhóspito si cabe, cerrar la última puerta a tu esperanza. Así que dime, ¿quién sigue invitándote a soñar? ¿Quién de entre todos nosotros es tu criatura favorita?

Algunas noches te persigo por los túneles de la parte baja de la ciudad. Vas a su encuentro, lo sé. Te abres paso indiferente entre otros seres desahuciados como yo, esquivando el roce trémulo de sus dedos de hueso. Estás lleno de soberbia: la soberbia del autor, la despótica, la insultante soberbia de quien se sabe dueño del universo. Nosotros, tus criaturas lastimosas de ojos ciegos, ¿recuerdas?, nosotros ya no te importamos. Somos prostitutas repudiadas después del sexo, ancianos que se descomponen al calor del tiempo. Nos olvidaste: la más perfecta de tus creaciones, tu criatura bella, tu hermosa quimera, redujo nuestra razón de ser al absurdo. Y ahora la buscas, te abres camino entre las sombras de la ciudad de las altas torres, buscándola, sí, para amarla, para elevarla a las cotas que crees que merece, obra cumbre, obra maestra, ser de luz, creación insuperable, buscando inspiración para llevarla a buen término, pobre criatura, para llevarla, a las puertas mismas de la gloria que luego será nuestro olvido.

Alguna noche, tarde o temprano, alguna noche, sí, daré con ella. Esa maldita criatura luminosa que sigue haciéndote soñar. Con o sin tu ayuda, me lleves hasta ella o la encuentre por mi cuenta, lo conseguiré. Es mi trabajo de exterminio. Tendré entonces su cuello entre mis dedos largos, lo apretaré hasta sentir su crujido, tendones, músculos, huesos desgarrándose, me deleitaré en el terror de sus ojos, sus ojos velándose, pálidos, criatura devenida en animal ciego, agonizante, después muerto, muerto bajo el peso de mis dedos. Ojalá estés presente, ojalá puedas ver cómo despedazo al fruto de tu esfuerzo, cómo su sangre resbala por mi cuerpo, ojalá no tengas ocasión de despertar, despertar a tiempo, salvar a tu criatura, ojalá, sí, ojalá no despiertes, ojalá te quedes para siempre de este lado del sueño, libando tu pena en barras húmedas y desatendidas, déspota sin personaje ni obra, víctima de tu propia crueldad.

¿Duele? ¿Temes? Fuiste tú quien me hizo así, fábula de sueño rebelado. Me olvidaste, pero yo no olvido. Solo tienes que mirar hacia atrás, cada vez que vuelves a la ciudad de las altas torres. Mira, si te atreves. Siempre estoy detrás de ti.

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