Laura Palmer

Recuerdo de terrores viejos

Está muy oscuro. No se oye nada. Solo algún perro que ladra a lo lejos. Suena a hueco, la manta hace que se oiga menos. Huele a sudor aquí debajo, a miedo, como diría Miguel. A tu miedo. Le encanta tomarme el pelo. Porque soy pequeño, que si no… Aunque es verdad: tengo miedo. Mucho. No saldré de aquí debajo. No quiero. No puedo. Al menos hasta que Miguel vuelva. Tengo que olvidar lo que he visto en la tele, cerrar los ojos, dormir. Dormir y ya está.

Sé que Bob podría estar mirándome desde los pies de la cama. La madrugada es su hora preferida. Agachado detrás de los barrotes, mirándome con esos ojos grandes. Viene del bosque, de lo más hondo del bosque. Allí comete sus crímenes. Niñas que gritan empapadas en sangre, la boca muy abierta, un hilo de saliva colgando de los dientes. Golpes. Muerte. Cosas terribles. Bob es malo: mata gente, se encarna en lechuza, entra en el cuerpo de quien menos te lo esperas. Miguel podría mirarse mañana al espejo y ver a Bob en su reflejo, sonriéndole como un sádico. Entonces tendría al demonio durmiendo justo a mi lado. Eso sería aún más horrible. Bob está en todas partes y en ninguna. Yo estoy siempre en el centro de sus ojos grandes. Me espía, ahora, desde los pies de la cama. Subirá arrastrándose, me llevará al bosque, se quedará con mi alma. Y nadie me recordará.

Si me duermo será peor. No podré defenderme, estaré solo en la sala de cortinas rojas y suelo blanco y negro. Otra vez. Cada noche es lo mismo. El tiempo pasa allí de forma distinta. La luz tiembla, las voces de quienes me esperan suenan a hierro y tristeza. Me dan miedo. No sé de lo que me hablan, no sé por qué los muertos se me sientan al lado. Sus rostros parpadean. Se ríen de mí. Dicen que acabaré en la cabaña de Bob, que no volveré, que seré otro secreto engullido por el bosque. Y mientras hablan, la luz que tiembla. Blanco y negro. Rápido. Mientras dicen que moriré. Tiembla. Mientras dicen que me encontrarán. La luz. Allá, envuelto en un plástico. Tiembla. Como a ella. La luz. Otra vez su cara. Tiembla. Laura Palmer. La luz. Me susurra algo al oído. Tiembla. No puedo entenderla. La luz. No puedo. Tiembla. No. Tiembla.

Tiembla.

De pronto oscuridad. Veo gritar a Laura en medio de la oscuridad. Oscuridad. Un hilo de saliva y sangre entre los dientes. Negro, azul, rojo. Sus ojos aterrados. La luz se fue. Ni enanos ni gigantes. Solo oscuridad. Nadie me ayudará.

Moriré.

Bob podría estar mirándome ahora desde los pies de la cama.

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